Una buena ración
Oliver leyó el mensaje una vez más: "Cena el sábado a las 10, en lo de Ava. Si querés trae vino, yo llevo a David. Abrazos, Lauren”. Había estado sin ganas de nada toda la semana, no le vendría mal un rato con sus amigas y una comida agradable. A las 8 se empezó a preparar. Se duchó más a prisa que de costumbre, apenas si se tomó tiempo para disfrutar el agua fría que recorría su espalda morena. Se peinó antes de vestirse, o eso intentó, nunca lograba controlar sus rizos negros. Se miró en el espejo, tan mal no estaba. Se puso un pantalón de terciopelo cobalto y, mientras abrochaba los botones de esmeralda de su camisa, intentó recordar cuál de los chicos de Lauren era David. ¿El pelirrojo? No, ese era de Ava. David era el rubio. No. Rubio era el de la cena de cumpleaños de Ava. Entonces David... ¡Claro! David era el alto de ojos azules que siempre usaba un sombrero de terciopelo verde y olía a canela. Llegó unos minutos después de las 9. Le gustaba pasar un ...