Una buena ración


 Oliver leyó el mensaje una vez más: "Cena el sábado a las 10, en lo de Ava. Si querés trae vino, yo llevo a David. Abrazos, Lauren”. Había estado sin ganas de nada toda la semana, no le vendría mal un rato con sus amigas y una comida agradable. 

A las 8 se empezó a preparar. Se duchó más a prisa que de costumbre, apenas si se tomó tiempo para disfrutar el agua fría que recorría su espalda morena. Se peinó antes de vestirse, o eso intentó, nunca lograba controlar sus rizos negros. Se miró en el espejo, tan mal no estaba. Se puso un pantalón de terciopelo cobalto y, mientras abrochaba los botones de esmeralda de su


camisa, intentó recordar cuál de los chicos de Lauren era David. ¿El pelirrojo? No, ese era de Ava. David era el rubio. No. Rubio era el de la cena de cumpleaños de Ava. Entonces David... ¡Claro! David era el alto de ojos azules que siempre usaba un sombrero de terciopelo verde y olía a canela.  

Llegó unos minutos después de las 9. Le gustaba pasar un rato charlando con Ava mientras Lauren aún estaba en la cocina. La casa de Ava era pequeña, pero con un patio enorme. Todas las paredes eran claras y muy luminosas. Ava era igual de pequeña que su casa, el cabello negro muy corto y unos ojos enormes y grises. Lauren era su opuesto. Alta, elegante, rubia como un trigal, ojos como posos de café y unos delicados labios rojos.  

Tocó el timbre de entrada a las 9:35. Tres veces, como siempre. Ava le abrió radiante. Estaba descalza y llevaba un vestido azul noche. 

-Pasá, pasá- Era feliz cuando las cenas se hacían en su casa. 

Oliver entró, se descalzó y dejó su abrigo en el perchero. La mesa para la cena ya estaba puesta. Sus amigas habían elegido una vajilla de un azul claro, “en honor a los ojos de David” pensó. Ava le acercó una copa de licor y lo tomó de la mano. 

-Vení, sentémonos un rato en el sillón que Lauren todavía está en la cocina con David. 

Desde la cocina Lauren se asomó un instante y lo saludó. 

-En un ratito estoy con ustedes, lindo- le dijo dándole un beso en la frente como a él le gustaba. Se había trenzado el cabello, porque le tocaba cocinar, y tenía puesto un pantalón muy entallado y un blazer de ceda, toda de cian y un lazo verde en el pelo. 

Estaba explicando su último proyecto cuando Lauren les pidió que pasaran a la mesa, que la cena ya estaba lista. 

Ava se sentó a su lado y le sirvió vino tinto “va bien con la carne”, dijo sonriendo. Lauren entró con la fuente aun tapada, había elegido la fuente azul con flores de su abuela. La dejó en el centro de la mesa y empezó a servir mientras cantaba, adoraba cantar mientras lo hacía. Primero se ocupó del plato de Ava. Lo llenó hasta el borde, sabía lo mucho que le gustaba comer. Luego preparó el de Oliver y se sirvió su propio plato. 

Oliver hundió el tenedor en la porción, cortó un trozo blando y jugoso y se lo llevó a la boca. Apretó la carne con los dientes, el sabor le estalló en el paladar, le inundó la garganta y ya ni siquiera se pudo detener separa hablar. Pidió una segunda porción. Lauren se la sirvió sonriendo.  

-Te dije que te iba a gustar David, el próximo lo traes vos. 

De los platos subía un intenso aroma a canela. La noche era tibia y en el sillón había quedado un sombrero de terciopelo verde. 

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